La provincia de Málaga se encuentra en fase de emergencia ante el elevado riesgo de inundaciones provocado por las intensas lluvias registradas en las últimas horas. La medida, activada por la Junta de Andalucía a través del Plan de Emergencia ante el Riesgo de Inundaciones (PERI), responde al empeoramiento de las condiciones meteorológicas y a la previsión de nuevos episodios de precipitaciones persistentes que podrían afectar de forma directa a la seguridad de la población.
La decisión se adoptó durante la noche del viernes al sábado, tras evaluar los avisos emitidos por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) y los informes técnicos de los servicios de emergencia. Málaga se suma así a otras provincias andaluzas como Cádiz y Huelva, que también permanecen bajo el mismo nivel de alerta.
Qué supone la activación de la fase de emergencia en Málaga
La declaración de la fase de emergencia implica que existe un riesgo real para personas, bienes o infraestructuras como consecuencia de fenómenos adversos. En este escenario, las autoridades activan protocolos específicos de vigilancia, coordinación y respuesta rápida para minimizar los efectos de posibles desbordamientos de ríos, acumulaciones de agua en zonas urbanas o cortes de carreteras.
Según explicó el consejero de Presidencia, Interior, Diálogo Social y Simplificación Administrativa, Antonio Sanz, la provincia se encuentra en situación operativa 1, lo que permite a la Junta de Andalucía movilizar todos sus medios ordinarios sin necesidad, por el momento, de solicitar refuerzos al Sistema Nacional de Protección Civil.
Este nivel operativo contempla la activación de los servicios de emergencias 112, los cuerpos de Policía Local, Guardia Civil, Bomberos, personal de Protección Civil y técnicos de infraestructuras, con especial atención a zonas históricamente vulnerables a inundaciones.
Recomendaciones oficiales ante el riesgo de inundaciones
Desde la Agencia de Emergencias de Andalucía (EMA) se ha insistido en la necesidad de extremar las precauciones, especialmente en municipios del interior y áreas cercanas a cauces fluviales, arroyos y ramblas. Las autoridades subrayan que una conducta responsable por parte de la ciudadanía es clave para evitar situaciones de riesgo innecesarias.
Entre las principales recomendaciones se incluyen:
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Evitar desplazamientos innecesarios, especialmente durante los momentos de mayor intensidad de lluvia.
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Consultar el estado de las carreteras antes de viajar, a través de fuentes oficiales.
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No cruzar zonas inundadas, ni a pie ni en vehículo, aunque la lámina de agua parezca poco profunda.
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Atender siempre las indicaciones de los servicios de emergencia y los avisos difundidos por canales oficiales.
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No estacionar vehículos en cauces secos, riberas de ríos o pasos subterráneos.
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Retirar objetos que puedan ser arrastrados por el agua en patios, terrazas o balcones.
Estas medidas buscan reducir el número de incidencias y evitar rescates de emergencia, que suponen un alto riesgo tanto para la población como para los equipos de intervención.
Precauciones específicas para la conducción con lluvia intensa
La lluvia persistente incrementa notablemente el riesgo de accidentes de tráfico, especialmente en carreteras secundarias y accesos a núcleos urbanos. Por ello, las autoridades recomiendan adaptar la conducción a las condiciones meteorológicas adversas.
Entre los consejos más destacados se encuentran:
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Reducir la velocidad y aumentar la distancia de seguridad entre vehículos.
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Circular siempre con luces de cruce encendidas para mejorar la visibilidad.
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Evitar frenazos bruscos y giros repentinos que puedan provocar derrapes.
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Tras atravesar una zona con acumulación de agua, comprobar el estado de los frenos mediante pequeñas pulsaciones.
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Extremar la precaución en puentes, túneles, zonas sombrías y tramos con escasa evacuación de agua.
Los servicios de emergencia recuerdan que la mayoría de incidentes graves durante episodios de lluvias se producen por decisiones imprudentes al volante.
Las lluvias intensas no solo afectan a la movilidad y la seguridad ciudadana, sino que también tienen un impacto directo en la economía local y el tejido productivo. Comercios, pequeñas empresas y explotaciones agrícolas pueden sufrir daños materiales, pérdidas de mercancía o interrupciones en su actividad diaria.
En el ámbito rural, el exceso de agua puede provocar daños en cultivos, erosión del terreno y problemas en infraestructuras agrarias. En las zonas urbanas, las inundaciones afectan a sótanos, garajes, locales comerciales y redes de saneamiento, generando costes de reparación que, en muchos casos, se prolongan durante meses.
Asimismo, los ayuntamientos deben afrontar gastos adicionales en limpieza, mantenimiento de vías públicas y reparación de infraestructuras, lo que repercute en los presupuestos municipales.
La coordinación institucional como clave en la gestión de la emergencia
La activación de la fase de emergencia pone de relieve la importancia de la coordinación entre administraciones. Junta de Andalucía, ayuntamientos, fuerzas de seguridad y servicios sanitarios trabajan de forma conjunta para anticiparse a posibles incidencias y actuar con rapidez ante cualquier situación de riesgo.
Desde el 112 Andalucía se insiste en que cualquier emergencia debe comunicarse de inmediato a los servicios oficiales, evitando la difusión de rumores o informaciones no contrastadas en redes sociales, que pueden generar alarma innecesaria.
La evolución del episodio meteorológico continuará siendo evaluada de forma constante en función de las previsiones y de la incidencia real de las lluvias en la provincia, con especial vigilancia en las zonas más sensibles de Málaga capital, la Axarquía, el Valle del Guadalhorce y la Serranía de Ronda.













